Revista Encuentro XXI - Chile

Nuevos Aires de Encuentro XXI

Revista Encuentro XXI nació en 1995 y durante su primer período publicó 18 números, el último de los cuales dedicó al "Largo Verano del 2001," cuando Pinochet fue finalmente desaforado y procesado en Chile. Luego, la revista entró en hibernación, durante cuatro años. Ahora despierta, en pleno invierno del sur, con la publicación de su número 19, "Los Límites del Imperio Americano."

El primer período de Encuentro XXI, estuvo ciertamente dedicado a enfrentar el gran desafío planteado por la caída del socialismo a la política y visión del mundo de la izquierda. Adicionalmente, sin embargo, dicho tiempo estuvo signado por la lenta y frustrante transición a la democracia en Chile. No es raro que haya culminado precisamente en el instante que quizás será considerado por los historiadores como el momento en que ésta última llegó a su fin. Los años de hibernación de Encuentro XXI, han transcurrido en el asimismo lento y todavía inacabado proceso de arreglar los detalles de su sepultación definitiva. Precisamente por estos días, el dique de la transición, diseñado para sostener un gigantesco desnivel social, acumulado durante décadas, se ha empezado a resquebrajar y el agua empieza a escapar a chorros por las grietas recién abiertas.

No es casual que quiénes nos propusimos crear un espacio de encuentro de izquierda, adecuado al  siglo que se inicia, estemos lanzando el segundo aire de la revista con la temática propuesta durante su visita a Chile, por quién fuera nuestro principal padrino intelectual, el gran historiador Eric Hobsbawm. Poner límites al "poder americano," constituye hoy día la preocupación central de toda la humanidad sensata. Una pandilla de dementes se ha apoderado del Estado, en la mayor potencia mundial, azuzando los fantasmas de sus ciudadanos, atemorizados por las turbulencias de la mayor crisis económica que ha afectado al mundo desde la década de 1930. Han puesto a la humanidad frente una encrucijada que no había experimentado desde la peste nazi. Es indispensable hoy, como propusiera en su momento Dimitrov, articular en todo el mundo un gran movimiento que logre aislar a Bush y al neoconservadurismo estadounidense y todo lo que representan. Antes que arrastren al mundo a catástrofes aún mayores que las que experimentan hoy los pueblos que han escogido como conejillos de Indias para sus delirios de dominación mundial milenaria.

Por otra parte, los desafíos que se presentan a Chile en la actualidad son de una enorme envergadura. Debemos asumir decisiones que van a marcar el curso del desarrollo nacional durante varias décadas. Son materias demasiado importantes como para dejarlas a la mano invisible de "los mercados," o a la menos invisible aún de los economistas u otra gente de visiones parciales y mentes estrechas.

Debemos resolver como nos vamos a apear, frente al hecho cierto que al otro lado de la cordillera está naciendo la que en algunas décadas será una de las seis grandes potencias del siglo XXI. Es indispensable reformar nuestra política de recursos naturales e imponer cobros adecuados por su explotación. Es urgente reformar a fondo la seguridad social, asumiendo que contamos con un sistema mixto, donde el pilar principal es y será el público. Hay que ofrecer protección efectiva frente a los inevitables períodos de cesantía masiva que se presentan de cuando en cuando. Al igual que en el caso de las pensiones, es indispensable recuperar los sistemas públicos de educación y salud, construidos asimismo a lo largo de un siglo y que atienden todavía a la mayoría, especialmente a los de menores recursos. Para enfrentar los grandes desafíos que se nos presentan en estos ámbitos, es necesario utilizar ambos brazos y especialmente aquel más fuerte, representado por el sistema público, donde hay que centrar los esfuerzos y los recursos. Por su parte, los sistema privados desarrollados durante estos años, debidamente regulados, pueden servir de complemento y para atender a los de mayores recursos.

En el curso de los próximos quince años, Chile tiene el desafío de duplicar, aproximadamente, el tamaño del Estado. Así lo han hecho todos los países, cuando han alcanzado nuestro nivel de desarrollo – durante el siglo pasado Europa y los EE.UU., y más recientemente, países como Corea y Taiwán, entre otros. No se trata ahora, como durante el siglo XX, de un Estado empresario – entonces no había empresarios privados modernos y ahora sí los hay - sino de un Estado regulador y que asegure la cohesión social. Adicionalmente, es necesario abandonar los intentos de transformar al Estado en una empresa de servicios y a los ciudadanos en consumidores y tantas otras payasadas, promovidas por gurús de turno. Éstas, en definitiva, no han logrado sino continuar, durante la transición, el desmantelamiento del Estado que, en su parte civil, con tal revanchismo emprendiera la dictadura. Se requiere, en cambio, reconstruir un servicio civil profesional, de alto nivel, con una ética de servicio público y carrera de por vida. Los países modernos comprenden que ningún Estado democrático puede funcionar adecuadamente sin una burocracia profesional de tales características.

Todo lo anterior, junto a muchas otras medidas, deberá redundar en mejorar significativamente la distribución del ingreso, erradicar la pobreza y tantas otras lacras que se arrastran por décadas y otras desde más antiguo.

Abordar tareas como éstas requiere, en primer lugar, el restablecimiento pleno de la democracia. El sistema político de la transición ha durado tanto como la dictadura que lo precedió, hace mucho que se halla retrasado y constituye hoy un anacronismo. Ahora está estallando en mil pedazos. La llamada "democracia protegida" no podía durar para siempre y no se la echará mucho de menos. Nunca fue realmente democracia un sistema político expresamente diseñado para protegerse de la voluntad popular. Al país, su sepultación le hará muy bien. Debe ser reemplazada, para que Chile continúe desarrollándose. No se corresponde con la moderna sociedad que ha surgido en Chile, después de un parto que ha durado un siglo.

El país requiere con urgencia que se restablezca una democracia de verdad, que libere al Estado de las amarras de la transición y de la tutela de la extrema derecha. Ello requiere un sistema político renovado, que permita el ascenso al poder de nuevas alianzas populares, con la mayor amplitud, pero al mismo tiempo con la fortaleza e independencia necesarias para impulsar desde el Estado lo que el país necesita.

Se debe terminar con la exclusión política de parte de la izquierda para que termine la exclusión social de la mayoría de los ciudadanos. La reforma del sistema binominal no es un tema que interese exclusivamente a quiénes, en virtud de los acuerdos que dieron origen a la transición, han quedado excluidos del parlamento. Se trata de un tema de interés nacional, puesto que permite que se expresen en forma más equilibrada en el congreso las diferentes sensibilidades políticas y los sectores sociales, o los intereses regionales o de nacionalidades, que ellas representan. En un país que ha sufrido 17 años de dictadura y luego 16 años bajo un sistema político diseñado para garantizar precisamente un desequilibrio en la representación parlamentaria, el restablecer la proporcionalidad constituye un tema de la mayor trascendencia para el avance de la democracia.

El país no puede seguir de rehén de una burguesía que todavía sigue presa de su pecado original de ser los hijos de Pinochet. No está preparada para gobernar por consenso y con sentido nacional. Se requiere exactamente lo contrario, es decir, abrir paso a una mayor influencia en el poder del Estado a una fuerza política asentada principalmente y que represente genuinamente, al hermano siamés de la moderna burguesía chilena, criatura, nacida al mismo tiempo que ella, del parto de un siglo. La moderna clase asalariada chilena, hoy día mayoritaria, cada vez más instruida y numerosa, está capacitada para proyectar su influencia en forma independiente al gobierno.

Como ha ocurrido en la mayoría, sino en todos los países modernos, los asalariados han servido de base para fuerzas políticas de corte laborista, auténticamente social-demócratas - como todo el mundo sabe, la social democracia auténtica ha sido siempre un asunto de obreros, que no es el caso de algunos de los social demócratas de la plaza, intelectuales que bien poco han tenido que ver nunca con el movimiento obrero.

Algo así está ocurriendo, por ejemplo, en el caso del Brasil, donde al PT se lo puede acusar de muchas cosas, excepto de no ser un auténtico partido de profunda y auténtica raigambre asalariada. No cooptable, por lo mismo, ni rehén de nadie, puesto que nadie le ha regalado nada, sino capaz de desarrollar desde el Estado una política nacional independiente. Algo parecido ha ocurrido antes, en los otros países mencionados más arriba, a medida que han accedido a la modernidad.

Es bien difícil saber como se conformará a futuro en Chile una fuerza política de este tipo, amplia y fuerte, firmemente asentada en los asalariados. Con la personalidad necesaria para construir en torno a ella y a su proyecto – no al proyecto impuesto por otros - alianzas mucho más amplias que ella misma. Capaz de dar conducción firme al Estado para realizar aquellas tareas que el país requiere con urgencia.

En el caso chileno, dicha fuerza política de corte laborista, ha estado representada, históricamente, por la unidad de Comunistas y Socialistas. De hecho, era casi un axioma de la política chilena durante el siglo XX, que cuando Socialistas y Comunistas estuvieron unidos, buenas cosas ocurrieron para el desarrollo y progreso del país, como el Frente Popular o la Unidad Popular. Parece difícil que dicha fuerza se pueda reconformar a futuro, si no se logra nuevamente la convergencia y acción conjunta entre Comunistas y Socialistas - aunque ahora, obviamente, debe ir mucho más allá que eso. Sin embargo, éste es un asunto que no está a la orden del día, por lo cual claramente queda trabajo para rato, hasta lograr este objetivo.

Sin embargo, no hay verdadera política de izquierda sin un pensamiento de izquierda, asentado sólidamente en nuestras tradiciones intelectuales. La izquierda es heredera de lo mejor del pensamiento humano, de sus vertientes más progresistas. Durante el siglo XX, la visión del mundo de la cual la izquierda es depositaria, iluminó las mentes de millones de seres humanos y galvanizó su victoriosa gesta antifascista. Asimismo, allí donde y cuando la historia les presentó este desafío, tales ideas inspiraron su acción revolucionaria transformadora, la que en definitiva liquidó para siempre la vieja sociedad señorial y agraria. Ello ocurrió en muchos países del mundo y también en el nuestro.

El continuado cultivo y desarrollo de estas ideas, constituye por lo tanto una tarea indispensable para lograr todo lo anterior. Para aportar modestamente a esto, Encuentro XXI se complace en inaugurar su segunda etapa de vida. Los invitamos a acompañarnos en esta aventura reiniciada.

Revista Encuentro XXI

Manuel Riesco

Director

Junio 2005

 

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